APOYANDO EL RIESGO DE LA INNOVACIÓN

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Con la claridad de que la agricultura ya es una actividad riesgosa, María José Etchegaray,  Directora de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) invita a quienes viven de este rubro a incursionar en la innovación, que se entiende como otro riesgo que el productor rehúye de hacerlo. Sin embargo, el Estado ahora está dispuesto a compartir dicho riesgo, al abrir una nueva línea de financiamiento con fondos no reembolsables. Se trata de un concurso que se hará durante 3 años que potenciará a la industria de ingredientes funcionales y aditivos especializados. “La innovación no es un fin en sí mismo, sino que una herramienta o un instrumento que ayuda a dar respuestas a diversos desafíos en diferentes ámbitos”, dijo.

Según explicó la ejecutiva, en los últimos años, esta institución ha ordenado su quehacer en función de dos aspectos centrales en los cuales el país debe priorizar su producción y bajo los cuales ha focalizado sus llamados a concursos para el financiamiento de proyectos: el impacto del cambio climático, hoy cada vez más visible y palpable en nuestra realidad agrícola y biológica nacional (heladas, crecidas, plagas que cambian su comportamiento biológico, las amenazas, manejos culturales), y el área de los alimentos saludables. Es en este último polo estratégico es que se abren nuevas oportunidades de estudios, con una marcada sinergia entre varios actores. “FIA dejó de hacer concursos generales abiertos, ahora se apunta a estos dos ejes donde estructuramos nuestro quehacer”, descató.
“Chile -explicó- tiene un potencial enorme de productos y de materias primas animales, forestales, agrícolas, entre otras que son especiales porque contienen altos contenidos de ciertos ingredientes funcionales, tales como los antioxidantes, la fibra y los betaglucanos, por ejemplo,  o de aditivos especializados como preservantes, colorantes naturales, saponina, etc. Lo que hacemos como FIA es una convocatoria especial con recursos extras a nuestros presupuestos tradicionales, para poder trabajar sobre  esta industria a lo largo de todo el país, lo que permite que trabajen juntos las empresas que producen estos ingredientes, los productores a través de sus entidades gremiales y las instituciones tecnológicas insertas en un territorio capaz de proveer estos productos”.
Agregó que en este contexto, la industria lechera puede producir ingredientes muy interesantes, por lo que invitó a sus actores a postular con propuestas que pueden ser costeadas por un monto máximo de 900 millones de pesos.
Respecto del área ganadera, señaló que la Fundación fue parte de un conjunto grande de proyectos con el Consorcio Lechero que ya se terminaron, relacionados con bienestar animal, praderas y alimentación en lechería.
Se ha seguido trabajando en la agregación de valor de la industria del queso. En la Región de Los Ríos hay un programa específico para la pequeña y mediana quesería, a fin de desarrollar modelos de inocuidad basados en el manejo de riesgos más que en el manejo de crisis.
También se ha trabajado en la recuperación o rescate de la Ruta del Queso Chanco, una ruta antigua de los conquistadores.
Mucho se ha hecho en Chiloé, no sólo en leche, sino que también con el cordero chilote, las papas, el rescate de especies, de productos como la sidra o de   tradiciones propias de la Isla Grande que encarga el CIPAM, programa de la FAO.
Tras el corto tiempo que María José está en el cargo, señaló que son varias las iniciativas innovadoras que le han llamado la atención, sobre todo las relacionadas con la gestión del uso del agua en el norte o las de recuperación del patrimonio alimentario en Chiloé.
“Hay varios grupos trabajando en el uso de agua de mar en ciertos cultivos que se hacen en el norte, centro y sur con flores. El uso de una gramínea llamada “vetiver” que tiene la capacidad de filtrar metales indeseables como el boro y el arsénico. En Diaguitas, una zona con crisis de agua,  lograron desarrollar un sistema de acuaponía que permitió que les sobrara el agua: mediante  un minitranque de acumulación, proveen de agua a las piscinas donde crecen truchas y después de filtrar el agua esta riega a las hortalizas y luego se vuelve a filtrar y reincorporar a las piscinas. Este circuito cerrado se ha dado a conocer y se aplica en algunas escuelas de Atacama, Vallenar y el Mineduc lo replica en algunas escuelas agrícolas.
Pero donde FIA le ha querido “hincar el diente” y está apostando sus monedas, es  en el trabajo que se está haciendo con los jóvenes, sobre todo con los estudiantes de los liceos agrícolas, donde la innovación está prendiendo con éxito.
“La mirada de los jóvenes, hijos de padres agricultores, es diferente. Están más dispuestos a arriesgar, en especial aquellos que son la primera generación de la familia que va a la Universidad. Nuestra invitación es a re mirar la agricultura, desde las capacidades a las cuales pudieron acceder. Para ellos hemos ido diferenciando programas de acuerdo al perfil y la preparación  de éstos, partiendo desde la escolaridad.  De hecho, potenciamos un trabajo que previo a nuestra llegada ya se había hecho en los liceos agrícolas, en el que los profesores participaron del diplomado de innovación y emprendimiento. A ellos  los invitamos a trabajar con sus alumnos en talleres de emprendimiento e innovación y, coordinados con el Ministerio de Educación,  implementamos talleres de estos temas, y se han realizado concursos entre ellos que han logrado hacer prototipos de interesantes propuestas, sobre todo en lo que respecta a servicios para la agricultura”, contó.
El mensaje final de la directora de la Fundación, es a atreverse, a analizar los cuellos de botella y buscar salidas innovadoras. Las facilidades están. Ella los invita a visitar la página web, a tomar contacto con la FIA. La oficina más cercana para el tema lechero es Temuco, con profesionales que están motivados para conversar, guiar, compartir el diálogo y poner la información y la institución al servicio de la comunidad.

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