Un cambio radical en su vida realizó Juan Francisco Errázuriz, decisión personal que -sin sospecharlo siquiera- significó abrir nuevas oportunidades a un incipiente sector productivo de la Región de Los Ríos: el de la cervecería artesanal.

De profesión ingeniero comercial, Errázuriz trabajó muchos años en Santiago como ejecutivo bancario, hasta que decidió concretar el anhelado sueño que tenía junto a su señora Sonia Domínguez de dejar el mundo de las finanzas y dedicarse por entero al campo. “Hace 30 años que tengo una casa de verano en Lago Ranco y siempre soñaba con venirme a vivir acá”, contó enamorado de este rincón sureño que hoy lo impulsa a enfrentar varios desafíos, incluso sin tener conocimientos o experiencias en materias agrarias.
En el año 2012 compró dos predios vecinos en la comuna lacustre y formó la Sociedad Agrícola Pitreño Limitada con su esposa y sus hijos Juan Francisco que es ingeniero en administración, María Sofía que es diseñadora, José Manuel que es abogado y María Jesús que estudia psicología. En el campo del sector llamado Ninhue cría jabalíes y ciervos y en el otro ejemplares angus. Estaba en medio de este proceso de cambios cuando su hijo mayor, Juan Francisco, volvió de una gira de cuatro meses por España, entusiasmado con la idea de darle valor agregado al campo con una idea que a los padres no le dio mucho sentido: el cultivo del lúpulo.

“Estudié en Barcelona y tuve la oportunidad de visitar varias cervecerías y allá le dan mucha importancia al cultivo del lúpulo, la cebada y otros ingredientes. Volví con la idea, pero me costó mucho convencer a mis padres para cultivar esta planta, hasta que lo logré y en el 2015 planté 1500 rizomas que compré a la empresa Lúpulos del Sur”, contó. Y así nació la nueva empresa llamada Lúpulos Hueimén.
El lúpulo es una planta cuya flor es el ingrediente esencial en las recetas de los distintos tipos de cervezas, ya que le da el aroma y el sabor que caracteriza a esta bebida, cada vez más apetecida y valorada en el mercado nacional. El rizoma es su tallo subterráneo con varias yemas que crece en forma horizontal, generando raíces y nuevos brotes que crecen en la primavera enredados en guías, logrando gran altura. El follaje se corta desde el suelo y al año siguiente vuelve a crecer rápidamente.
En Chile, la demanda de esta especie ha sido atendida por años a través de su importación en formato pellet, tanto por la industria como por los artesanales. Sin embargo, en el último tiempo, en la Región de Los Ríos han surgido varios emprendimientos de cervecerías artesanales que, con bastante éxito, han ampliado la oferta de variedades de este elixir, aprovechando las propiedades del agua de la selva valdiviana. Sobrepasando las diferencias entre sí y el hecho de ser competencia, los cerveceros han logrado trabajar en conjunto creando la Unión de Cerveceros Los Ríos, siendo favorecidos recientemente con un programa de CORFO llamado Nodo Cervecero que, durante un año, los ayudará a organizarse y superar las brechas que tienen para ingresar al mercado.
En este contexto, este grupo de emprendedores encontró en los miembros de la familia Errázuriz Domínguez a unos muy buenos aliados para potenciar un producto que logre resaltar su denominación de origen, ya que el contar con lúpulos frescos y cultivados en Chile, se les abren las posibilidades de mejorar sus preparaciones y jugar con mayores alternativas en sus recetas.

“Para nosotros los cerveceros, tener un lúpulo local es como para la señora que cocina contar con hierbas y verduras frescas de la huerta. Tener a mano este cultivo es súper importante para el desarrollo cervecero local, más aún si queremos potenciar a la región con un sello de denominación de origen”, manifestó Eduardo Aguilar, presidente de la Unión de Cerveceros de Los Ríos, organización surgida hace unos tres años e integrada por 28 micro productores.

Agregó que “estamos con todas las ganas de emprender en este rubro que es complejo y para ello estamos formando la llamada triple hélice: Estado, la academia con la Universidad Austral de Chile y nosotros como privados”, dijo.

Según relató el empresario, el desarrollo cervecero llegó a la zona de Valdivia en 1851, con el arribo de los colonos alemanes. Fue Karl Anwandter quien generó las primeras cervezas locales en ese entonces. Después de un período de letargo, sus pasos fueron seguidos en la historia reciente por Armin Kunstmann con la cervecería que lleva su apellido y que se ha hecho famosa a la largo de Chile, y luego la revolución cervecera iniciada en los países desarrollados también aterrizó en el sur de nuestro país “potenciada por la calidad del agua, nuestra historia y ahora el lúpulo local”, destacó Aguilar.
En su caso particular, Eduardo cuenta que se fue a Alemania a estudiar ingeniería mecánica y en sus tiempos libres trabajó en algunas cervecerías. A su regreso a Valdivia el paladar le negó beber los productos que ofrecía el mercado y así fue como en su casa comenzó a fabricar su propia cerveza en 1999. Pronto la comenzó a vender en un pub y su buena salida le permitió convertirla en un negocio. Después vio que otros conocidos estaban en lo mismo y vieron la posibilidad de potenciarse trabajando unidos.
“A pesar de las diferencias y discusiones que hemos tenido al interior de la organización, ha sido más fuerte el nombre de Región de Los Ríos y creemos con firmeza que si estamos juntos vamos lograr el desarrollo no sólo no sólo para uno sino que para todos”, resaltó el dirigente.

Lúpulo chileno
Volviendo a la historia de la familia Errázuriz, un tema anecdótico digno de destacar y que se une a los orígenes cerveceros de esta zona, es que los rizomas que compró Juan Francisco a Lúpulos del Sur, son descendientes de las plantas traídas por los colones alemanes. Estos las usaron tanto para hacer sus cervezas como para matar las bacterias presentes en los pozos de aguas. Su desuso las fue dejando como plantas más que nada ornamentales de huertas y jardines presentes en las zonas urbanas y rurales de Ranco, Valdivia y La Unión, de donde fueron recolectadas para su rescate, ya que estas variedades ya no se encuentran en las tierras germanas.

Esto significa que estas variantes bautizadas con los nombres de estas tres comunas, llevan más de 100 años de adaptación y generaron ciertas particularidades que hoy se quieren potenciar, a través de los estudios que se realizan en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Austral de Chile.
Uno de sus académicos, el ingeniero agrónomo Ricardo Fuentes tiene tiempo estudiando el lúpulo. Su experiencia en esta planta nació hace ya varios años cuando en 1981, se llevó a cabo un proyecto nacional de CORFO que abarcaba la posibilidad de establecer el cultivo a lo largo del país. Inicialmente se probó con plantaciones realizadas entre Chillán y Osorno y durante 4 años él se hizo cargo de las plantaciones hechas en Valdivia. “Se cultivaron entre 8 a 10 variedades, de las cuales 3 a 4 se dieron muy bien, lo cual dejó la expectativa de que el cultivo se adaptaba perfectamente. Este proyecto se hizo con la supervisión de un productor e investigador de Argentina, Leopoldo Lesco, que trajo el material desde ese país. Valdivia fue la zona donde mejor se adaptó el lúpulo. Se hicieron no sólo evaluaciones agronómicas sino que también de calidad y los ácidos alfa y beta (que es lo que más interesa para la producción de cerveza) fueron muy bien calificados. Sin embargo, el proyecto no siguió debido a que -en ese entonces- sólo era la industria la que demandaba el lúpulo y la necesidad era atendida desde el extranjero. De haberse plantado, tampoco era grande la cantidad que se requería”, contó el académico.

Fuentes agregó que los actuales requerimientos de los cerveceros artesanales seguramente tampoco van a generar un impacto en la cantidad de lúpulo que se produzcan, “pero sí en términos de que cada maestro cervecero tiene su propia receta y es bueno que tenga variabilidad en términos de disponibilidad de lúpulo. Considerando que al peletizar se pierde gran parte de las características del producto, para ellos les resulta más interesante agregar a sus preparaciones el lúpulo fresco. Y las aspiraciones de esta región son tener un insumo producido en la misma zona con identidad local”, dijo.

El investigador destacó también que la zona de Valdivia cuenta con condiciones similares a los lugares del hemisferio norte donde se produce mejor esta especie. “En el resto del mundo se cultiva mejor en latitudes sobre los 35 grados de latitud y en Valdivia estamos alrededor de los 40 grados con la luminosidad necesaria, que es un requerimiento alto que tiene la planta. La temperatura templada también es la idónea, porque la planta crece rápido, pero no requiere que las temperaturas sean extremas. En cuanto a la humedad tenemos algunos problemas, porque la mayor cantidad se requiere cerca del verano y ahí tenemos algunas deficiencias. Por eso es que debemos buscar las áreas que tenga esa combinación y que además no soplen muchos los vientos que la dañan, sobre todo en la cosecha porque esta planta es alta.”
Respecto a las variedades que se han dado en la zona, “lo que se está estudiando actualmente es la posibilidad de ofrecer un insumo que tenga una característica especial para que el fabricante de cerveza sepa cómo y cuándo usarlo en su preparación y así busque marque una diferenciación”, resaltó.
Una de las amenazas de este cultivo es que al ser nuevo en la zona, hay mucho por hacer. “Si bien se conocen las condiciones generales, éstas hay que adaptarlas acá y no sólo establecerlas sino que también desarrollar tecnologías como en la fertilización, los tiempos ideales de cosecha, el proceso de secado, etc. O sea, hay toda una tecnología que hay que ir adaptando y en la medida que se vaya desarrollando todo esto, se irá acompañando el establecimiento de estas plantaciones.”

Nace una nueva tradición turística
Fue que en el marco del lanzamiento del nodo cervecero que nació la idea de generar un nuevo y novedoso evento que tanto la Unión de Cerveceros como Lúpulo Huimén esperan se convierta en una tradición a lo largo del tiempo: la cosecha del lúpulo.

Uno de los integrantes de los productores cerveceros más entusiastas con esta fiesta, fue uno de los viejos conocidos de revista DLeche, el ganador de destacados premios en la producción lechera, Nicolás Sandoval, quien nos invitó a conocer esta alternativa de trabajar en el campo. Él junto a su señora e hijo emprendió en Los Lagos un nuevo negocio con la fábrica de cerveza Sayka al que sumó un centro de eventos. Ahí realiza shows artísticos con un grupo de jóvenes que bailan y cantan. Fueron ellos los que se encargaron de animar y dar vida al lanzamiento en que las autoridades resaltaron a los cerveceros como un rubro que esperan potenciar e impulsar como una línea estratégica del desarrollo regional.
Tras los discursos y presentaciones correspondientes, arriba de colosos todos los invitados fuimos trasladados hacia el sector donde están las plantaciones. Para quien no conoce la planta, el paisaje resulta toda una sorpresa, porque estas son muy altas y están enredadas como los porotos en pitas que van desde el suelo a la parte superior de postes de unos 7 metros.

Para hacer más festivo el proceso, todos los invitados participan activamente en la cosecha manual, que es lo que se espera repetir año a año. Para lograrlo, dos hombres fueron alzados con una pala mecánica hasta la cúspide de los postes y con machetes cortaron las pitas, mientras los demás lo hacían desde el extremo enganchado en el suelo y subían las matas enteras al coloso. El final de la tarea fue celebra con un refrescante brindis de cerveza servida en el lugar y un sabroso asado al palo de jabalí y cordero en el galpón donde después se hará el secado.
El lugar fue adornado con las mismas plantas y se instalaron los stands de varias cervecerías que hicieron gala de su más amplia gama.
Para ser la primera vez, todos quedaron felices y entusiasmados con repetir la idea el próximo año.

“Queremos que esta idea se repita todos los años y se convierta en un atractivo turístico donde llegue mucha gente”, comentó Nicolás.

Mientras tanto, la familia Errázuriz seguirá avanzando en esta línea de negocios, abriendo camino al andar como pioneros en este rubro tan poco conocido en el país. De hecho, ellos mismos debieron fabricar la secadora a gas que les permitirá secar 500 kilos en unas 5 ó 6 horas. Para efectos del evento con fines turísticos, dejarán una parte de la plantación para hacerla a mano, pero para el resto ya cuentan con una máquina que corta y separa las flores del follaje de hojas.
“Yo comencé con la humildad de tener claro que no sabía nada de esto. Me he hecho asesorar mucho por expertos y lo que no sé lo estudio o lo consulto. Así fue como el 2015 plantamos media hactárea con rizomas, y el 2016 la ampliamos a una hectárea. La primera cosecha que hicimos sacamos apenas 8 kilos de lúpulo seco que vendimos a una cervecería. Esto fue analizado y tuvo muy buenos niveles de ácidos alfa y beta”, contó el patriarca de la empresa.

Al igual que su padre, el joven Juan Francisco dice que todo lo logrado surgió sin saber nada de lo que está haciendo. “Esto ha sido una preocupación muy grande, tanto como criar a un hijo”, describió.
Tras estos años de vorágine y experimentación, para este y el otro esperan partir de nuevo mejorando todo con lo ya aprendido: arreglar la infraestructura, mejorar la fertilización, controlar las malezas y continuar con el cultivo de los rizomas nativos, pero también contar con las variedades que siempre han sido solicitadas, y ver cómo le dan en el gusto a los potenciales clientes y dan más valor a su producto. “Ahora que superamos el tema de la cosecha y el secado, tenemos la oportunidad de hacerlo bien, haciendo un borrón y cuenta nueva”, expresó el joven de 32 años.
Lo cierto es que los logros alcanzados por la Sociedad Agrícola Pitreño Ltda. es un muy buen ejemplo de que el mundo rural ofrece mucho más oportunidades. Con ganas, perseverancia se pueden alcanzar logros tan sorprendentes como la iniciativa mostrada.

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