EL DISCURSO CREA REALIDAD

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La palabra es mucho más que un inocente sonido balbuceante. La palabra es acción y el discurso que viene del poder, impone al resto de la sociedad el modus operandi social, creando grandes relatos a través de la historia y como la historia no es el pasado (solamente), por el contrario la vamos haciendo en el día a día, por lo tanto, nosotros seres humanos estacionados en el paisaje del presente somos parte de una crónica participativa, tanto porque algunos de nosotros (habitantes del presente) tienen la oportunidad de escribir parte del guión de la historia y la gran mayoría que se ve envuelta y partícipe de esta obra cotidiana, que es la vida social.

El punto está en responder si la vida de la sociedad posmoderna (así llaman los filósofos y sociólogos a estos tiempos que vivimos) satisface nuestras necesidades y permite al hombre ser libre y feliz.

¿En qué cree el hombre posmoderno? Usted que es hombre de campo ¿en qué cree?, ¿Qué valores podríamos encontrar en el mundo político que sea un aporte a nuestra vida? Si el Estado otrora fue la fuente moral de una nación, de dónde emana hoy la estructura moral en este mundo posmoderno? ¿Cuál es el valor moral que encierra actualmente nuestra vida ciudadana? La responsabilidad moral que es como la guinda de la torta del ser humano, está viva en nuestra sociedad?

Me hago estas preguntas porque son fundacionales para la acción social, toda vez que soy un convencido que el valor de lo humano está en la red de la convivencia social. El asceta, el ermitaño son las excepciones a la regla. Incuestionablemente el fenómeno humano fermenta en lo social y para que ese ser social funcione desde la unidad, desde su soledad, desde ese yo individual y único, debe existir una moralidad que permita la coexistencia del ser íntimo en su máxima expresión, pero al mismo tiempo ese individuo debe saber navegar en el mar de la sociabilidad, permitiendo que el resto tenga las mismas posibilidades de ser como individuo y al mismo tiempo tener la conciencia de respetar al conjunto, es decir, a todos los otros, esos otros en el que yo también estoy incluido.

Hoy vivimos un mundo donde la realidad la crean los medios de comunicación, lo que no está en los medios no existe, generando una realidad artificial, mañosa, restrictiva, tendenciosa, unilateral donde por meses se puede menoscabar al género masculino, exacerbar la violencia, el terrorismo y al mismo tiempo dejar en el silencio, en el anonimato, grandes sucesos porque no sirven para el constructor de los intereses del poder, generándose una  acción de la realidad, una deformación de la existencia social.

Actualmente el ser humano posmoderno habita en el valle del desencanto. La posmodernidad ha desnudado al hombre poderoso, a los grandes conglomerados empresariales, al mundo político en su afán de ilimitada ambición, capaz de destruir al planeta con tal de conseguir el éxito y el poder sobre los otros.

¿Dónde está la reserva moral de nuestro país? No será fácil encontrar el lugar, porque los inmorales del poder usarán todos sus recursos para que no asomen.

Sin embargo, todas la noches me acuesto lleno de esperanza pensando en que es posible una pos-posmodernidad, donde el hombre del tercer milenio sea capaz de corregir sus pecados para construir un mundo con una moral del amor, una moral por la vida que se sustente en la responsabilidad moral y no en leyes siempre superadas, transgredidas por el egoísmo y la ambición.

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