Palomas: Cuando no son sinónimo de paz

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Rock Pigeon Columba livia Kailua, Oahu, Hawaii 9 August 2012

La creciente invasión de la Columba livia en las zonas rurales del país está provocando grandes perjuicios económicos a los productores agrícolas. ¿Qué hacer ante este problema que se acentúa día a día?

Miguel Díaz Gacitúa
Médico Veterinario, MSc
Universidad de Chile

La paloma común (Columba livia) originaria de África se ha expandido notablemente en Chile durante el último siglo. Hoy está presente en gran número en zonas urbanas y rurales del país debido a su gran adaptación a las condiciones climáticas nacionales. La gran cantidad de comida de que dispone ha hecho que su población aumente contantemente. En zonas urbanas puede tener 2 a 3 sacas al año con unos 10 a 15 pichones anuales y vive entre 15 a 20 años. Su población se duplica año tras año en cada lugar donde habita.

Aunque se desconoce exactamente cuántas hay, se trata de varios millones de ejemplares. Su diversidad genética es inmensa y son pocas las enfermedades y depredadores que las afectan. Su dieta es principalmente de granos, pero también comen brotes, algunos gusanos y pueden carroñar abundantemente restos de comidas humanas.

En los últimos años, los conflictos humano-paloma se han acentuado debido a factores demográficos, económicos y culturales. El aumento de la población humana y la creciente urbanización de nuestra sociedad, ha creado hábitats con abundancia de comida, que son caldo de cultivo para la proliferación de plagas como las palomas, a las cuales las personas se han vuelto cada vez menos tolerantes.

Genéricamente, los daños que causan pueden ser: pérdidas de granos para los agricultores, competencia con aves de corral por alimento, contaminación del medio ambiente por fecas, daños estructurales de edificios, bodegas, instalaciones eléctricas interiores y exteriores, y transmisión de enfermedades.

Sus deposiciones, ricas en ácido úrico, destruyen diversos materiales, deterioran techos, estructuras metálicas, cercos, maquinarias y equipos. También los nidos pueden constituir un problema al provocar estancamientos en las canaletas y bajadas de agua, lo que conduce a costosos daños en techumbres e interiores, al igual que las plumas y aves muertas. Las palomas sanas pueden transmitir, a través de sus deposiciones y plumas, enfermedades a personas y animales domésticos. Las fecas de palomas causan graves alergias y asma en Chile.

Para tener una idea de las grandes pérdidas causadas por poblaciones de palomas rurales sin control, tengamos en cuenta el siguiente ejemplo:

Supongamos que en una casa de fundo de la zona triguera de Chile hay tan solo 100 palomas. El consumo promedio de trigo diario es de 50 gramos por cada una de ellas. Es decir, al año habrán consumido 18 a 20 quintales de trigo de 100 kilos. Es decir 422 mil pesos de pérdida anual, unos $4.220 por paloma al año. Si estimamos la población nacional de palomas en 4 millones, y asumimos un costo similar per cápita, tenemos que éstas irrogan un gasto de $16 mil ochocientos ochenta millones anuales, sin retorno alguno para el agricultor o lechero, ya que también comen en establos, comederos, alimentadores, etc.

Además, se ha descubierto que las palomas transmiten enfermedades al hombre y a los animales, que incluso pueden ser fatales, como: salmonelosis, psitacosis, histoplasmosis,  candidiasis y criptococosis. Adicionalmente, se asocian a alrededor de 50 plagas de insectos y ectoparásitos, los cuales transportan, infectando así a personas, al ambiente y productos. La existencia de estas aves también atrae a los roedores, por los huevos, pichones y aves muertas, ocasionando los consabidos problemas asociados a su presencia. En zonas lecheras esto constituye una gran amenaza, pues contribuyen a una mala sanidad e inocuidad de este alimento.

QUÉ HACER

Actualmente, en países europeos el control de la población de palomas se realiza a través de métodos que reconocen su sintiencia, es decir su capacidad para sentir dolor, emociones y constituir sociedades animales comunicadas. Esto implica abandonar aquellas políticas públicas que recurren al exterminio masivo de estos animales.

¿Y en Chile? Estamos atrasados. El artículo 6 del Reglamento de la Ley de Caza chilena señala que la paloma asilvestrada es un animal dañino, por lo que es posible el exterminio masivo de individuos de una población.

Pero ¿qué debemos hacer cuando las palomas constituyen una plaga?

  • Primero, controlar su acceso a la comida a través de limpieza de patios y comederos animales.
  • Segundo, inhabilitar sitios de nidificación y aposento. Existen diversos métodos que las sacan de tejados y cornisas.
  • Tercero, destrucción de nidos y huevos.
  • Cuarto, dañar su fertilidad dando de comer mezclas alimentarias con productos que infertilizan a las hembras y, ya que actualmente está permitido en Chile, sacrificar a las palomas con métodos lo más humanitarios posibles.

En el mercado existen numerosas empresas chilenas que realizan este servicio, que provee de un medioambiente productivo limpio y sin complicaciones. No debemos olvidar que en lechería y producción de cereales un factor esencial de inocuidad es un buen control de plagas.

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