En todos los sistemas económicos, desde el más ultraconservador hasta el más estatista, el fenómeno de cambio climático es un hecho omnipresente.

La degradación de los ecosistemas no es una condición exclusiva de los sistemas capitalistas de occidente, los del bloque del este y asiáticos se enfrentan desde ya largo tiempo a agudas condiciones de contaminación del aire y de las aguas. Tanto Rusia como sus vecinos presentan graves problemas de contaminación dado el fuerte desarrollo industrial que han experimentado especialmente las últimas dos décadas.
En nuestra América, ciudades como México DF, Sao Paulo y Santiago de Chile presentan grados de contaminación atmosférica que ofrece importantes riesgos para la salud de su población, especialmente para los menores, mujeres embarazadas y personas de la tercera edad.
Para los países más pobres del planeta, la pobreza misma es una importante causa y a la vez efecto de la degradación ambiental. La pobreza, impide a los países pobres contar con los medios para actuar.
Aún no es del todo posible, cuantificar los riesgos que supone para el bienestar del ser humano, la lluvia ácida, la reducción de la capa de ozono, el efecto invernadero, en resumen, el cambio climático.
De todos los sectores de la economía mundial, es la agricultura donde resulta más patente el contraste entre los indicadores económicos y los ecológicos. En esta incesante carrera por producir más alimentos, el endeudamiento con el futuro, al sobre-endeudarse la capacidad de recuperación de los ecosistemas, ya se dejan sentir con claridad.
El crecimiento en el sector agrícola choca con las limitantes de tierra y agua en muchos lugares del planeta, en otros en cambio como en Europa occidental se preocupan de los excedentes, especialmente en los lácteos, mientras que en USA, dejan sin producir determinados cultivos con el fin de controlar los precios a nivel mundial.
Para un ecologista que percibe que una parte importante de la producción alimentaria actual se produce en tierras altamente erosionables, está claro que en el futuro cercano por falta de disponibilidad de agua debido a la excesiva extracción de agua subterránea, el nivel de productividad no se podrá prolongar indefinidamente.
La agricultura a nivel mundial, lucha contra los límites naturales que impone la disponibilidad de tierra productiva por la cantidad de agua que aporta en ciclo hidrológico y por los procesos geofísicos del suelo, por todo esto, la tendencia actual de la producción de alimentos tiende a ser cada vez más lenta con relación al aumento demográfico.
Los límites naturales del ciclo hidrológico para la producción de agua dulce están imponiendo límites a los cultivos en muchas partes del planeta y la competencia entre países por la posesión del agua proveniente de ríos internacionales como es el caso del Tigris-Eufrates, o del Jordán, es fuente de permanentes tensiones, en Asia central, el mar Aral, (que es un lago), de 68.000 Kilómetros cuadrados de superficie que tenía en el año 1960, hoy se ha reducido dramáticamente a menos de 10.000 Kilómetros cuadrados. En zonas de la llanura del norte de China, los niveles hidrostáticos están descendiendo a razón de un metro por año y en USA, el vasto acuífero de Ogallala que proporciona agua de regadío desde Nebraska hasta Texas, está afectando fuertemente a los rancheros debido al crecimiento de las ciudades de Phoenix y Denver.
A lo anterior, no podemos dejar de lado el daño a la agricultura, y por ende, a la producción de alimentos que provoca la contaminación atmosférica que a modo de ejemplo, según estudios, ha reducido en un 5% las cosechas en USA, similar a economías carbón dependienes de Europa y China.
Adicionalmente, no podemos dejar de lado las inundaciones en áreas agrícolas que la deforestación de zonas montañosas provoca.
Con respecto al uso de fertilizantes a nivel mundial, a mediados de los años cincuenta y avanzados los ochenta del pasado siglo, y su aplicación fue el causante de un espectacular crecimiento de la agricultura al aumentar su uso nueve veces, esto sumado al aumento notable de las zonas con riego, y al uso cada vez mayor de especies genéticamente modificadas, pero desde los años noventa hasta hoy, presenta un importante freno.
El tema demográfico, ha sido una cuestión olvidada.
Quizás en ningún otro aspecto resulta tan evidente el contraste conceptual entre economistas y ecologistas frente al crecimiento demográfico. Los economistas no lo ven como una amenaza, incluso en algunos países estimulan su crecimiento. Para los ecologistas en cambio, al analizar los indicadores biológicos, ven con preocupación como la creciente demanda supera la capacidad de suministro de los bosques, pastos, terrenos de cultivo y agua para regadío lo que obviamente incide directamente en la capacidad de producir alimentos. De hecho, un reciente informe del Global Footprint Network mide la oferta y la demanda de los recursos naturales y los servicios ecológicos usados por la humanidad. Los datos son preocupantes. Global Footprint Network estima que este año, en tan solo ocho meses, nuestra civilización ha demandado más recursos renovables y servicios de captura de C02 de lo que el planeta puede proveer durante todo un año.
En la medida que los conflictos ideológicos se vayan superando, cosa que no se ve fácil dados los últimos acontecimientos, como el de Siria,Corea del Norte y Afganistán, entre otros, debe surgir un nuevo orden mundial. La degradación física del planeta debe convertirse en la principal preocupación y la preservación ecológica deberá constituirse en el principio fundamental de este nuevo orden de la Humanidad.